Un contrato familiar del celular es un acuerdo escrito, de una o dos hojas, que firman el hijo y los padres antes de entregar el teléfono o cuando hace falta ordenar su uso. Funciona mejor que una lista de prohibiciones porque obliga a las dos partes, dice de antemano qué pasa si se rompe una regla y tiene fecha de revisión. Abajo hay tres versiones listas para descargar en PDF, sin registro, elaboradas por el equipo de CatWatchful: de 8 a 10, de 11 a 12 y de 13 a 15 años. Cada cláusula lleva una línea que explica por qué está, para que la cambies con criterio.
Casi todas las reglas del celular se dicen una vez, en el momento de entregarlo, y después se discuten cada semana porque nadie recuerda exactamente qué se acordó. Ponerlo por escrito resuelve eso, y resuelve otra cosa menos evidente: cuando las reglas están en un papel firmado, la pelea deja de ser contigo y pasa a ser con el acuerdo. Las tres versiones de abajo siguen los mismos tramos de edad que la guía de reglas por edad de este sitio y se apoyan en lo que recomiendan la Academia Americana de Pediatría, Common Sense Media y UNICEF: compromisos de los dos lados, supervisión anunciada y un acuerdo que se afloja a medida que tu hijo muestra criterio.
Elige la versión por la edad de tu hijo. Cada una trae los compromisos del hijo, los de los padres, la cláusula de supervisión, qué pasa si se rompe una regla y las firmas. Descárgala, cámbiale lo que no encaje con tu casa y fírmenla los dos.
8 a 10 años
De 8 a 10 años: el celular es un objeto de la casa
A esta edad el teléfono lo configuras tú y se usa a la vista. Las reglas son pocas, concretas y no se discuten; la más importante es dónde pasa la noche.
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Yo, ________________, me comprometo a:
El celular duerme fuera de mi cuarto, cargándose en el lugar de la casa que acordamos.
Por qué está: Es la regla que más rinde a cualquier edad, y cuesta mucho menos sostenerla desde los 9 que imponerla a los 14.
Uso el celular en las zonas comunes de la casa, no encerrado en mi habitación.
Por qué está: Lo que se usa a la vista no necesita vigilancia: alcanza con estar cerca.
Las apps las instalan mamá o papá. Si quiero una nueva, la pido y la miramos juntos.
Por qué está: La cuenta infantil supervisada ya lo permite, y así la decisión se conversa en vez de descubrirse.
No tengo redes sociales todavía. No es un castigo: las propias apps piden 13 años.
Por qué está: El mínimo lo ponen las plataformas, no los padres; decirlo así evita la discusión.
Si alguien que no conozco me escribe, no respondo y se lo muestro a mamá o papá.
Por qué está: A esta edad todavía no sabe qué hacer con un desconocido; el plan tiene que incluirte.
Si veo algo que me asusta o me incomoda, lo cuento. Contarlo nunca me va a costar el celular.
Por qué está: Si avisar sale caro, no avisa, y pierdes justo lo que necesitas saber.
No mando fotos mías ni de otros sin permiso, y nunca fotos sin ropa.
Por qué está: Es una de las cuatro reglas que no cambian con la edad.
En la mesa y en la escuela el celular está guardado.
Por qué está: Zonas sin pantalla claras y pocas, que valgan también para los adultos.
Como madre, padre o tutor, me comprometo a:
Te digo con claridad qué puedo ver en tu celular y qué no, y no voy a mirarlo a escondidas.
Si me cuentas algo que viste o que te pasó, te escucho primero y no te castigo por contarlo.
Cuando pidas una app, la miramos juntos y te explico por qué sí o por qué no.
Las zonas sin celular también valen para mí: en la mesa, el mío también está guardado.
Revisamos este acuerdo en la fecha que pusimos abajo, y cada vez que lo revisemos vas a ganar algo.
Qué voy a mirar y qué no
A esta edad las cuentas las administro yo, así que puedo ver qué apps hay, cuánto se usan y dónde está el teléfono. Si uso una app de control parental, como Family Link o CatWatchful, te digo cuál es y qué me muestra. No hay vigilancia secreta en esta casa.
Si se rompe una regla
Si se rompe una regla, la consecuencia la conocemos de antemano, es proporcional y tiene fecha de fin: por ejemplo, el celular se queda guardado hasta mañana. No se retira por tiempo indefinido, porque eso apaga la regla de contar sin miedo.
Revisión del acuerdo
Revisamos este acuerdo el ________________ (un cumpleaños o el inicio del curso) y cada parte suelta algo.
Firma del hijo o hija
Firma de la madre, el padre o el tutor
Fecha
11 a 12 años
De 11 a 12 años: aparecen los grupos
Es el tramo del primer teléfono propio para muchas familias y el de los grupos de la clase. Las reglas pasan de «lo instalo yo» a una lista acordada, y la contraseña se comparte con un matiz: tenerla no es leer todo.
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Yo, ________________, me comprometo a:
El celular sigue durmiendo fuera de mi cuarto, en el lugar que acordamos.
Por qué está: Sigue siendo la regla que más protege el sueño, y a esta edad empieza a discutirse: por eso va primera.
Las apps salen de una lista que armamos juntos: yo pido, la miramos y se instala o no.
Por qué está: Tu hijo propone y tú decides con él; es la autonomía de este tramo.
Redes sociales todavía no, porque sus propias condiciones piden 13 años. Lo volvemos a hablar cuando los cumpla.
Por qué está: El piso lo ponen las plataformas, y en algunos países es mayor; decirlo así saca la pelea de la casa.
Mis padres tienen mi contraseña. Tenerla no significa que lean todo: la usan si hay un motivo y me lo dicen.
Por qué está: Es el matiz que cambia en este tramo: acceso sí, lectura rutinaria no.
En los grupos de la clase, si algo me incomoda, lo muestro. Mostrarlo nunca se castiga.
Por qué está: El grupo de la clase es donde aparecen el acoso y los reenvíos; necesitas que te lo muestre.
No reenvío fotos, audios ni capturas de otros sin su permiso, y nunca fotos íntimas, ni mías ni de nadie.
Por qué está: Es la regla que no cambia entre los 8 y los 15.
Si alguien que no conozco me escribe o me pide fotos, no respondo, no borro y lo cuento.
Por qué está: No borrar conserva la prueba; contarlo activa tu ayuda.
El celular no entra a la mesa ni a la escuela, salvo que la escuela lo pida para una actividad.
Por qué está: Zonas sin pantalla claras, iguales para todos.
Las compras dentro de apps y juegos se piden antes, siempre.
Por qué está: Las compras impulsivas son el problema más caro y el más fácil de prevenir.
Como madre, padre o tutor, me comprometo a:
Te digo qué veo y qué no. Si alguna vez uso tu contraseña, te lo cuento ese mismo día y te digo por qué.
Si me muestras algo del grupo que te incomodó, no te saco del grupo como castigo ni te castigo por mostrarlo.
Cuando me pidas una app, te doy una respuesta y una razón, no solo un no.
Respeto las mismas zonas sin celular que te pido a ti.
Cada vez que revisemos este acuerdo, sueltas una regla si mostraste criterio con las anteriores.
Qué voy a mirar y qué no
Administro tu cuenta y tengo tu contraseña. Puedo ver qué apps tienes, cuánto las usas y dónde está el teléfono, y si uso una app de control parental, como Family Link o CatWatchful, te digo cuál es y qué me muestra. Tus chats no los leo por rutina: solo si hay un motivo concreto, y te lo digo.
Si se rompe una regla
Si se rompe una regla, la consecuencia está acordada de antemano, es proporcional y tiene fecha de fin. Romper una regla no borra las demás ni este acuerdo.
Revisión del acuerdo
Revisamos este acuerdo el ________________ y en cada revisión cada parte suelta algo.
Firma del hijo o hija
Firma de la madre, el padre o el tutor
Fecha
13 a 15 años
De 13 a 15 años: la supervisión se anuncia, no se esconde
Tu hijo ya alcanza la edad mínima de la mayoría de las redes. El trabajo pasa de prohibir a configurar, y la supervisión deja de ejercerse en silencio: hay acceso, se usa con un motivo y, si se usa, se entera. A los 16 o 17 casi no deberían quedar reglas.
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Yo, ________________, me comprometo a:
El celular se carga fuera de mi cuarto y las pantallas se apagan al menos una hora antes de dormir.
Por qué está: Es la recomendación de la Academia Americana de Pediatría y la regla que más rinde en la adolescencia.
Mis cuentas en redes son privadas y configuramos juntos quién puede escribirme y quién ve lo que publico.
Por qué está: A esta edad el trabajo es configurar, no prohibir.
Mis padres tienen acceso a mi celular. Lo usan solo con un motivo concreto y, si lo usan, me lo dicen.
Por qué está: Es el acuerdo de este tramo: acceso declarado, uso justificado, sin sorpresas.
Si alguien me acosa, me amenaza o me pide fotos, bloqueo, reporto, guardo una captura y lo cuento.
Por qué está: El repertorio ya es suyo; contarlo sigue siendo el último paso, no el primero que se pierde.
No comparto ni reenvío fotos íntimas, mías ni de nadie, aunque me las pidan o me las manden.
Por qué está: Es la regla que no cambia con la edad, y a esta edad la presión es real.
No publico nada de otras personas sin su permiso, y tengo presente que lo que mando se puede reenviar y no se borra.
Por qué está: Lo que se manda deja de ser suyo en cuanto sale.
Las zonas sin celular son la mesa, la clase y la hora de dormir, y valen para toda la familia.
Por qué está: Pocas, claras y para todos.
Si me paso del tiempo que acordamos, lo arreglamos entre los dos, no con una pelea.
Por qué está: A esta edad rinde más el autocontrol acompañado que la restricción impuesta.
Como madre, padre o tutor, me comprometo a:
No leo tus chats por rutina. Si entro a tu celular, te digo cuándo y por qué, ese mismo día.
Si uso una app de control parental, sabes cuál es, qué me muestra y qué no. Nada se instala sin que lo sepas.
Si me cuentas algo grave, lo resolvemos a través de la escuela o de quien corresponda, y no te quito el celular por habérmelo contado.
Cumplo las mismas zonas sin celular que te pido.
Cada vez que muestres criterio, sueltas una regla. A los 16 o 17 casi no deberían quedar.
Qué voy a mirar y qué no
Tengo acceso a tu celular y no lo uso por rutina. Lo uso si hay un motivo concreto, y si lo uso te lo digo. Si en esta casa hay una app de control parental, como Family Link o CatWatchful, sabes cuál es y qué me muestra: no hay supervisión que descubras por accidente.
Si se rompe una regla
Si se rompe una regla, la consecuencia está acordada de antemano, es proporcional y tiene fecha de fin. Nunca es quitar el celular por tiempo indefinido ni por haber contado algo.
Revisión del acuerdo
Revisamos este acuerdo el ________________ y en cada revisión cada parte suelta algo. Cuando el motivo de una regla desaparece, la sacamos del papel.
Firma del hijo o hija
Firma de la madre, el padre o el tutor
Fecha
Por qué un contrato y no una lista de prohibiciones
Una lista de reglas obliga a una sola parte y se discute cada semana. Un contrato obliga a las dos: tu hijo se compromete a dónde carga el teléfono y qué hace con un desconocido, y tú te comprometes a no mirar a escondidas, a no castigar lo que te cuenta y a cumplir las mismas zonas sin pantalla. Ese segundo bloque es el que lo hace funcionar, porque la regla que el adulto no cumple se cae sola. Common Sense Media recomienda un acuerdo familiar del teléfono y la Academia Americana de Pediatría propone un plan de uso de medios en familia que se revise a medida que el hijo madura: las tres versiones de arriba siguen esa lógica, con menos reglas en cada tramo y una fecha de revisión en la que cada parte suelta algo.
Cómo usarlo: se firma, se cuelga y se revisa
Descarga la versión del tramo de tu hijo y léela con él antes de firmar, cláusula por cláusula, cambiando lo que no encaje con tu casa; cada una lleva una línea con el motivo para que la decisión sea con criterio y no por costumbre. Se firma el día que se entrega el teléfono, no cuando aparece el primer problema, porque después cualquier límite se lee como castigo. Cuélgalo donde se cargue el celular de noche. Y pon una fecha de revisión concreta —el cumpleaños, el inicio del curso— en la que tu hijo gane algo: si las reglas solo se agregan, el acuerdo se convierte en una lista de prohibiciones y deja de servir.
Qué hacer cuando se rompe una regla
La consecuencia conviene que esté anunciada de antemano, sea proporcional y tenga fecha de fin: el celular se queda guardado hasta mañana, no «hasta nuevo aviso». Retirar el teléfono por tiempo indefinido ante cualquier cosa desactiva la regla más valiosa del contrato, la de contar sin miedo: si tu hijo calcula que avisar le va a costar el celular, no avisa, y pierdes justo lo que necesitas saber. Romper una regla tampoco borra el acuerdo. Y cuando el motivo de una regla desaparece, sácala del papel: una norma que ya nadie hace cumplir erosiona a las que quedan.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad se firma el contrato del celular?
El día que se entrega el primer teléfono, sea la edad que sea, y si ya lo tiene, cuanto antes. Las tres versiones van de los 8 a los 15; a los 16 o 17 casi no deberían quedar reglas, porque ya no harían falta. Si dudas sobre si tu hijo está listo, la guía sobre a qué edad dar el primer celular tiene un test de madurez de diez preguntas.
No se firma bajo presión: un contrato firmado a regañadientes vale lo mismo que ninguno. Pregúntale qué cláusula no acepta y por qué; casi siempre es una sola. Negociarla —acortar un horario, cambiar una zona sin celular— cuesta menos que imponerla y le enseña que el acuerdo es real. Lo que no se negocia son las cuatro reglas de fondo: dónde duerme el teléfono, nada de fotos íntimas, contar no se castiga y el celular es un acuerdo que se puede pausar.
¿Puedo cambiar las cláusulas?
Sí, y conviene. Cada una lleva una línea que explica por qué está, justamente para que la cambies con criterio. Lo que no conviene es agregar reglas sin quitar ninguna: en cada revisión tu hijo tiene que ganar algo.
¿Hace falta una app de control parental para cumplirlo?
No. El contrato funciona solo con la conversación y con la cuenta infantil que Google Family Link crea sin costo. Si decides usar una app de supervisión, sea Family Link o CatWatchful, la cláusula de supervisión te obliga a decírselo a tu hijo y a explicarle qué muestra: una supervisión que se descubre por accidente destruye en un día la confianza que tardaste meses en construir.
¿Sirve el mismo contrato para una tablet o una consola?
La estructura sí: compromisos de los dos lados, zonas sin pantalla, qué hacer si aparece algo incómodo y fecha de revisión. Cambia la cláusula de dónde se carga de noche por dónde se guarda, y la de redes sociales por la de con quién se juega en línea.
Esta plantilla es información general para familias, elaborada por el equipo de CatWatchful a partir de las recomendaciones públicas de la Academia Americana de Pediatría, Common Sense Media y UNICEF. No es asesoría legal, médica ni psicológica, y no reemplaza el criterio de cada familia ni el de un profesional cuando hace falta. Los tramos de edad ordenan la conversación: cada hijo llega a cada cosa a su ritmo.
CatWatchful es una herramienta de control parental para monitorear a hijos menores de edad a tu cargo o dispositivos con consentimiento. Conoce nuestro compromiso de uso responsable.